domingo, 6 de noviembre de 2022

FARÁNDULA POR EL CAMBIO Y PARA TODOS . . . ¿...?

Por : ALEJANDRO BORENSZTEIN .-
Fuente : Clarin .-

El único mérito comprobable que hoy demuestran nuestros políticos es el de entretenernos por televisión.                                                                          Tal vez no se trataba de otra cosa y el error era andar exigiéndoles políticas de Estado.

En los comienzos, todo era el Rey Palito Ortega y la adorable Evangelina Salazar. Ambos protagonizaron el casamiento más grandioso que hubo en la historia de la televisión argentina. Por entonces, también cautivaban desde Pinky con el Negro Lavié o Cacho Fontana con Liliana Caldini, hasta la intimidad de las grandes estrellas como Mirtha, Soledad Silveyra, Rodolfo Bebán, Sandro y tantos más. Cuando se sumó el deporte, Susana y Monzón pasaron a ser lo máximo. Top of the top.

Con el tiempo las cosas fueron mutando hasta que actores, actrices, cantantes, modelos y conductores terminaron siendo reemplazados por personajes mucho menores bautizados genéricamente como “mediáticos”. Gente que nadie sabía muy bien a qué se dedicaban pero que rápidamente cautivaron a las audiencias. Silvia y Guido Süller, Jacobo Winograd, Ricardo Fort, participantes de realities varios y tantos otros, constituyeron una nueva fauna que ocupó la televisión.

Con los años, estos “mediáticos” fueron pasando al ostracismo y hoy, cayendo veinte escalones en el nivel del debate, nuestras pantallas están monopolizadas por Cristina, Macri (el Gato), Macri (el primo), Máximo, Alberto, Larreta, Bullrich, Lousteau, Milei, Morales, Kicillof, Manes, Massa, Wado y Pichetto, por nombrar algunos de los panelistas más conocidos. Completan este panorama unos especímenes rarísimos que habitan allá abajo, en el fondo del averno, y que responden al nombre de “los copitos”
 Esta es la breve historia de la farándula argentina.

Lo curioso de esta nueva camada de famosos es que se autoperciben “estadistas”. Se presentan como líderes que vienen a mejorar la vida del pueblo cuando la realidad indica que sólo han logrado empobrecerlo. Sin ir más lejos, hace 20 años un dólar costaba 3 pesos y ahora vale 300  y un obrero tenga que laburar un lustro para comprarse un celular.
 El único mérito comprobable que ostentan es el de entretenernos por televisión. Tal vez no se trataba de otra cosa y el error era andar exigiéndoles políticas de Estado. La realidad es que se pelean, se insultan, se traicionan, se amenazan, despiertan pasiones, tienen sus fans, en fin, salvo excepciones que siempre las hay, en líneas generales podemos decir que nuestros políticos ya son la nueva farándula.

Mientras esperamos la llegada de un Mesías que sepa de política, de economía, de acuerdos, sea un verdadero demócrata, nos devuelva la unión nacional y hable de corrido y sin gritar (todo eso junto), nuestra responsabilidad es evitar que la sociedad caiga en la antipolítica. Esta es la clave.

Para eso no tenemos más remedio que tolerar a esta farándula y tratar de educarlos un poco. Iluminarles el camino. Llevarlos hacia algo normal, aunque sea pasearlos por Montevideo. No por ellos sino por nosotros. No sea cosa que, mientras ellos discuten si nos van a permitir votar en las PASO para que cada ciudadano pueda elegir su inútil preferido, el dólar llegue a 500 mangos y un obrero tenga que laburar un lustro para comprarse un celular.

Partiendo de la base de que el Estado de Derecho es la condición primaria para la prosperidad de los pueblos, lo primero que deberíamos enseñarle a nuestra farándula es la diferencia entre la democracia que dicen defender y la autocracia a la que, en los hechos, algunos adhieren. Veamos.

Si bien ya conocíamos la predilección kirchnerista por la democracia cubana, la venezolana y gobierno pañuelo verde de Irán, Cristina reforzó esta idea hace unos meses diciendo que su modelo de capitalismo es el chino, pasando por alto el temita de las libertades. No es por dudar de la democracia china, pero el episodio que el mundo vió por televisión en el que un tipo de seguridad se lleva arrastrando del traje al ex presidente Hu Jintao, no ayuda. 

Lo único que no televisaron fue la parte en que se abre el piso y Jintao cae en una pileta repleta de tiburones, que debe ser la misma pileta que usaron los ingleses en Operación Trueno, la cuarta película de James Bond en 1965.

Seguramente Macri entiende un poquito mejor que Cristina los valores democráticos, pero hay que recordar que hace pocos meses se sacó una foto abrazado con Donald Trump. 

Y lo hizo después de que el expresidente norteamericano se sublevara contra el orden constitucional de EE.UU., desconociendo un resultado electoral, mandando una orda de kirchneristas a quemar el Capitolio y a colgar al Vice Mike Pence para terminar abandonando la Casa Blanca sin entregar el mando a Joe Biden.                                                                                                                          Si todavía las democracias occidentales existen es porque a Trump le falló el plan. Aún así, allá fue el Gato a sacarse la foto.                                                                                      Mamita.

El panorama se complica aún más cuando Bullrich, Pichetto y Milei salen a apoyar al presidente Bolsonaro que, de haber reconocido su derrota el mismo domingo a la noche como cualquier demócrata del mundo, hubiera evitado la crisis en la que están ahora, y que incluye a miles de bolsonaristas pidiendo a gritos un golpe militar mientras extienden su brazo derecho como si fueran arios escuchando a Wagner y calzando botas negras en Berlin 1939.

Por suerte existe la televisión para mostrar que lo de China, lo de Trump, lo de Bolsonaro y lo de los brazos derechos en alto es todo absolutamente cierto (salvo lo de los tiburones que se comieron a Hu Jintao sobre lo que no hay pruebas, por ahora).                                                                                                   

Usted dirá amigo lector que nos estamos olvidando de cuando  Alberto le ofreció a Putin que Argentina sea la puerta de entrada de Rusia en América Latina.                                             No es olvido.                                                                    

Sucede que en el caso del “presidente”, más que destacar su vocación autocrática hay que resaltar su confusión ideológica.                                                                                                                                      Por ejemplo, el viernes habló en un acto que organizó para rapiñarle medio puntito de rating al show de Cristina programado para la misma hora.                                        Rescatemos de ahí la frase dicha por Alberto ante la ovación de Tolosa Paz, Gabriela Cerruti y otros extras contratados para la ocasión: “La adversidad se llama derecha, compañeros”,  dijo un tipo que en los 90 avaló los indultos y en el 2000 fue candidato de Cavallo y compañero de lista de la principal defensora de Videla.                                          Sin ofender a nadie, si escuchás a Alberto no tenés por qué andar extrañando a Guido Süller.                  

Párrafo al margen para lo del “presidente” en Brasil: más allá de la vergüenza que nos hizo pasar a todos los argentinos manoseando al pobre Lula, le pedimos a los funcionarios de Itamaraty que retiren la denuncia por abuso que presentaron en la UNASUR.                                                                    Lo hace sin querer, es de toquetón nomás.

Una vez que nuestra actual farándula aprenda la diferencia entre democracia y autocracia, recién ahí habrá que ayudarlos a salir del escándalo, abandonar el barro, escoltarlos hacia la salida de la grieta y persuadirlos de focalizarse en lo concreto. Nadie pretende que un líder político vaya al programa de Diego Sehikman y explique su plan ferroviario para los próximos 20 años. Sin embargo tampoco podemos seguir aceptando que cuando se les pregunta sobre la inflación solo sepan decir “no podemos gastar más de los que recaudamos” o “hay que parar con la emisión monetaria”, que son conceptos ciertos pero obvios. Si le preguntás a Jacobo Winograd te va a contestar lo mismo y no por eso lo vamos a votar para presidente.

Habrá que exigirles un plan, ideas claras, medidas concretas. Aunque sea algo. Si insisten en gritar slogans y agarrase de los pelos nunca van a dejar de ser farándula.

Visto así, todo se entiende más fácil. Son la rascada que son y más vale que lo aceptemos, tratemos de educarlos, mejorarlos y después vamos viendo. Al fin y al cabo, que otra cosa es Cristina sino algo raro a mitad de camino entre la entonación de Evita y el Rolex de Ricardo Fort.

Lejos, muy lejos quedó la Argentina de Palito y Evangelina.

Alejandro Borensztein

 

" PASANDO LA GORRA. "

Por : Dr. ENRIQUE GUILLERMO AVOGADRO .-

"Para hacer la guerra hacen falta tres cosas:          dinero, dinero y  más dinero.                            Hay guerras más baratas, pero se suelen perder".

Napoleón Bonaparte.

La semana que pasó fue retazo más en el manto de vergüenza que Argentina presenta ante el mundo. El primer episodio se dio cuando el individuo que se autopercibe Presidente manifestó desconocer la existencia de acuerdos entre la Comunidad Europea y el Mercosur, precisamente ante el jefe de la diplomacia comunitaria; demostró tanto la supina ignorancia que nubla el cerebro de Alberto Fernández cuanto la penosa incapacidad del librero Santiago Cafiero, su Canciller, cuyo único mérito es la pertenencia al más que reducido círculo de fieles. Es pavorosa la devastación que el kirchnerismo produjo en uno de los cuerpos más profesionalizados del Estado, el diplomático, y reconstruirlo requerirá de años de esfuerzo; en muchos países, la ideología determina políticas pero en ninguno, como sucede en el nuestro, sacrifica tantos intereses nacionales –que debieran ser permanentes- en el altar de sus imaginarios y transitorios alineamientos.                                   

Por cierto más grave fue el que encarnó nuestro desesperado “pato rengo” visitando, con una enorme e injustificada comitiva, a Luiz Inácio Lula da Silva al minuto de que éste lograra, por escasísimo margen, vencer a Jair Bolsonaro y regresar al Palacio del Planalto, después de haber estado preso por corrupción. Si el devaluado y desprestigiado meme que sienta sus posaderas en el sillón de Rivadavia pretendió con ese gesto acumular fuerzas para su desigual batalla contra Cristina Fernández y pasar la gorra, la pólvora se le mojó cuando una legisladora de la Provincia de Misiones entregó al mandatario electo de Brasil una con el lema “CFK 2023”.                                                     

Los videos que documentaron el encuentro no dejan lugar a dudas: el desesperado argentino abrazando y acariciando reiteradamente a un Lula molesto por esas ridículas efusividades. Todo se debió, como siempre sucede aquí, al terrible ombliguismo que afecta a los argentinos; por ello, la dramática elección brasileña del pasado domingo generó, en ambos lados de la grieta criolla, preocupaciones inconducentes o falsas ilusiones.                   

Desde los bunkers del Instituto Patria y La Cámpora, se leyó la victoria como una reafirmación de la existencia del lawfare en la región, y un renacimiento de aquellas gastadas fotos de la Unasur; la visita del prófugo ecuatoriano Rafael Correa a Cristina y el encuentro de Alberto con Evo Morales fueron en este sentido. Y en la mente febril de Cristina Fernández se abrió camino como la posibilidad de un salvavidas financiero y una nueva y triunfal reencarnación, aún después de las inexorables condenas penales que la esperan en un futuro inmediato.                                                               

El primer error es creer que el Lula que asumirá el 1° de enero de 2023 es el mismo que lo hiciera en 2003 y gobernara hasta 2010.

Con setenta y siete años y mucha experiencia y prudencia acumuladas, el actual sabe que la época de la soja a US$ 650 la tonelada es cosa del pasado y que, esta vez, no dispondrá de aquellos recursos que permitieron a Fernando Henrique Cardoso y a él mismo sacar de la pobreza a tantos de sus compatriotas.                                                       

La falta siquiera de una mención de Lula a Dilma Rousseff, que fuera su sucesora en la Presidencia y a quien el Congreso destituyó por su “contabilidad creativa” (aquí no quedaría en pie ningún mandatario, ya que todos recurren a ella), también debe analizarse por separado. Ex guerrillera y muy ideologizada, su conspicua ausencia permite entrever que tampoco se establecerán alianzas estratégicas con Nicolás Maduro, Gustavo Petro, Luis Arce, Pedro Castillo, Miguel Díaz-Canel, Daniel Ortega o Gabriel Boric, sino que regresará a Itamaraty la tradicional posición geopolítica de Brasil, o sea, relaciones con todos los países en pos de sus intereses comerciales y de desarrollo permanentes.                   

Es consciente, además, de los límites que tendrá su gestión, marcada por la fuerte presencia conservadora en ambas cámaras legislativas y por las concesiones que deberá hacer al antiguo PSDB, el partido de su Vicepresidente electo, Geraldo Alkmin, y a los bloques parlamentarios del “Centrāo” para lograr algunas mayorías, siempre lábiles. Y aseguro que el respaldo irrestricto y la ayuda económica que el kirchnerismo espera ahora no pasa de ser un mero espejismo voluntarista.                      

Desde la Argentina, un país que ha hecho trizas sus instituciones y en el que el Congreso ha sido mucho tiempo sólo una suerte de escribanía de brazos enyesados al servicio del Ejecutivo de turno, es muy difícil entender que, en Brasil, aquél se ha convertido en el poder más fuerte de la tríada y en él priman los muchos partidos de centro, que sirven como permanente fiel de la balanza. Y en la medida en que, pese a la Constitución, somos un país profundamente unitario, también es incomparable el verdadero federalismo que goza nuestro vecino; así, un elemento fundamental del análisis es la cantidad y calidad de gobernaciones estaduales que han quedado en manos del bolsonarismo, nada menos que Sāo Paulo entre ellas.                                                                               

Cristina Fernández, empeñada en generalizar su teoría del lawfare, disfraza la actual situación de Lula ante la Justicia de su país transformándola en un inexistente sobreseimiento definitivo de los cargos de corrupción que llevaron a su encarcelamiento. No es así; el Supremo Tribunal Federal sólo resolvió que los jueces que lo condenaron no eran competentes en razón de la jurisdicción, es decir, que volverá a enfrentar un proceso penal por las mismas acusaciones ante otros magistrados.                                           

Finalmente, un último dato: mientras aquí galgueamos por la falta de dólares, nuestro vecino tiene US$ 350 mil millones en reservas. Y la principal razón es que el Banco Central es independiente del Ejecutivo, y su conducción está altamente profesionalizada. Realidades incomparables.                                                    Bs.As., 5 Nov 22.-

 Enrique Guillermo Avogadro .

Abogado

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sábado, 5 de noviembre de 2022

EL BRASIL DE LULA Y BOLSONARO. ¿. . . ?

Por : MALU KIKUCHI .-                                                            

En Brasil, el país más grande de América del sur, el domingo 30/10, se votó.

Fue el balotaje para elegir al presidente que regirá Brasil desde el 1º/1/2023 hasta el 1º/1/2027. Disputaron la presidencia Jair Messias Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva.

Por un 1,8%, ganó Lula.

Lula, obrero metalúrgico nacido en el estado de Pernambuco hace 77 años, ya fue Presidente entre 2003 y 2011. Dos mandatos exitosos. Siendo un hombre de izquierda, fundador del Partido de los Trabajadores, PT, siguió con la economía de Fernando Henrique Cardoso.

Tuvo además buenos precios internacionales para las “commodities”. Sacó más de 20 millones de brasileños de la pobreza. Antes de ser Presidente y aconsejado por Fidel Castro, en enero de 1990, fundó el Foro de San Pablo para equilibrar la caída de la URSS *9/11/1989).

A Lula le sucedió su ex ministra Dilma Rousseff que tuvo un 1º mandato y parte de un 2º. Problemas económicos y gran descontento social la llevó a un juicio político que la destituyó. Por mal manejo de la cosa pública, sin una sombra de corrupción. Mientras, se juzgaba a Lula.

Sergio Moro, juez federal de Curitiba (estado de Paraná) condenó a Lula a 9 años y 6 meses de prisión. Por corrupción. Por un triplex en Guaruiá y una casa de campo en Atibaia, ambos en el estado de San Pablo. Esa condena fue ratificada en 2ª y 3ª instancia.

Sucedió durante el gobierno de Michel Temer, ex vicepresidente de Rousseff. A Lula le seguían 2 juicios más por el *Lava Jato que estaban en 1ª instancia. Fue a la cárcel el 12/7/2017 y estuvo preso 580 días, hasta el 8/11/2019.  Su juicio fue anulado.

El juez del Supremo Tribunal Federal (Corte Suprema), Edson Fachin decretó que el juez Moro no tenía competencia para juzgar a Lula. Lula nunca volvió a ser juzgado. Los juicios por corrupción en su contra quedaron en el aire. Alexandre de Moraes, Juez del STF y del Supremo Tribunal Electoral permitió la candidatura de Lula.

El ex jefe de fiscales de los juicios a Lula, Delta Dallagnol dijo: “Cuando el STF anuló el caso de Lula se dijo que estaba absuelto, no lo estaba. Tres tribunales de 1ª, 2ª y 3ª instancia, jueces independientes y los ministerios públicos que actuaban, entendieron que había pruebas contundentes, de corrupción y de lavado de dinero”.

“El STF no exoneró a Lula.

No dijo que no había pruebas.

No entró en el fondo del asunto.

Nuestro sistema de justicia fue diseñado para garantizar la impunidad de los poderosos que roban a nuestro país”.                                                                                                                              Lula se enfrentó el domingo pasado a Jair Bolsonaro, actual presidente hasta el 1/1/2023.                           

Tiene 67 años, es un militar retirado que fue diputado durante 27 años, hasta ser elegido presidente.                                                        Desprecia la ecología, es de derecha, lo acusan de fascista.                  Es homofóbico.                                                                                        Tuvo un mal manejo de la pandemia  y definió al covid-19 como una “gripecita”.                                                                                                 Pero nombró y mantuvo un ministro de economía, Paulo Guedes, que equilibró la economía del país.  

Bajó el impuesto a la energía en un 15% y todos los precios bajaron un 15%.

Brasil lleva 3 meses de Deflación, una inflación por debajo del 0%.

Y se crearon casi 3 millones de puestos de trabajo en blanco.

Es el país con mayores inversiones extranjeras de la América luso hispana.

Bolsonaro no mencionó el triunfo de Lula en las elecciones.

Declaró tarde que iba a cumplir con la Constitución. 

Los camioneros pro Bolsonaro cortaron las rutas del país.    Bolsonaro tuvo que pedir que dejaran transitar, pero no les pidió que dejaran de manifestar. En Río de Janeiro se le pidió al ejército que apoyara a Bolsonaro.                                                                          La tensión sigue, pero disminuyendo. Se espera que el sistema democrático siga vigente y Lula asuma en enero.           

El gobierno le resultará muy complicado. El legislativo le responderá a Bosonaro y el STF, de 11 miembros, de los cuales 7 fueron nombrados por Lula, dejará 2 vacantes el año que viene.                     De 27 gobernaciones sólo tiene 8.

Lula no ha demostrado su inocencia y eso probablemente sea una “capitis deminutio”.

De todos modos el pueblo brasileño eligió. Luiz Inácio Lula da Silva es el presidente electo de Brasil.  

*El 9/11/1989 cae el muro de Berlín, comienza el fin de la URSS.

*Lava Jato, el mayor juicio por corrupción en la historia de Brasil, Odebrecht, Camargo Correa y otras empresas.

El Estado recuperó de las empresas más de US$ 800 millones.

¿ CUAN AMIGO SERA LULA . . .               DE LOS DICTADORES?

Por : ANDRES OPPENHEIMER .-
Lea más en: https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/andres-oppenheimer-es/article268154087.html#storylink=cpy

Conscientes de la importancia del voto de los evangélicos y los jóvenes, a su manera, tanto Lula como Bolsonaro enfilan sus campañas electorales en la conquista que de estos dos sectores.

Las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua celebraron la victoria del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones del domingo 30 de octubre en Brasil como una victoria histórica para la izquierda latinoamericana.

Lo cierto es que tienen motivos para estar contentos, pero no tantos. La victoria de Lula por un margen extremadamente pequeño del 1.9% —el resultado más estrecho en la historia reciente de su país— no fue un reflejo del apoyo a las ideas izquierdistas del partido de Lula, sino un rechazo al estilo pendenciero y los delirios ultraderechistas del presidente Jair Bolsonaro.

Más que una victoria de Lula, fue una derrota de Bolsonaro. Muchos brasileños no solo estaban preocupados por la economía, sino que también estaban resentidos por el pésimo manejo de la pandemia de COVID-19 por parte de Bolsonaro, sus comentarios despectivos sobre las mujeres y los gays, y sus frecuentes diatribas contra los grupos ambientalistas que lo critican por tolerar la deforestación de la Amazonía. Poco después de la victoria de Lula, el dictador venezolano Nicolás Maduro tuiteó casi eufóricamente: “Celebramos la victoria del pueblo brasileño… 

¡Felicitaciones Lula! ¡Un gran abrazo!”.

El presidente de facto de Cuba, Miguel Díaz-Canel, publicó una foto de él con Lula y el dictador semi-retirado Raúl Castro, tomados de la mano, y tuiteó: “¡Te abrazamos, hermano Presidente Lula!”. El gobernante de Nicaragua, Daniel Ortega, dijo en una carta a Lula que celebraba “con gran alegría” su triunfo electoral.

Varios otros líderes de izquierda señalaron que todos los principales países latinoamericanos —Brasil, México, Argentina, Colombia, Chile, Perú y Venezuela— ahora serán gobernados por líderes de izquierda.

Algunos especularon que se creará un formidable bloque regional de izquierda. Pero el hecho es que Lula asumirá el 1 de enero de 2023 como un presidente mucho más débil de lo que fue cuando gobernó entre el 2003 a 2010. Se enfrentará a un Congreso hostil, donde el Partido Liberal de ultraderecha de Bolsonaro y otros partidos de centro-derecha controlarán el 53% del Senado. Y en la cámara baja del Congreso, de 513 escaños, el partido de Bolsonaro tendrá el bloque más grande con 99 diputados, contra 68 bancas del Partido de los Trabajadores de Lula.

Además, tres de los estados más grandes de Brasil —São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais— estarán a cargo de gobernadores bolsonaristas. Asimismo, Lula se enfrentará a una población políticamente dividida y heredará una economía débil. En la década de 2000, Lula se benefició de un boom mundial de los precios de las materias primas, lo que le permitió aumentar drásticamente los subsidios sociales y ganar una enorme popularidad.                                                                                        

Pero esos días quedaron muy atrás. Con una economía anémica y grandes problemas de delincuencia en el país, y con el reciente precedente de los presidentes de izquierda de Chile y Perú, cuya popularidad se desplomó poco después de que asumieron el cargo, a Lula no le será fácil reconstruir un poderoso bloque regional de izquierda como el que existió en la década del 2000.

Lula será mucho menos crítico de las dictaduras izquierdistas de América Latina que Bolsonaro, porque necesitará apaciguar a su base izquierdista en Brasil. Pero es probable que su apoyo a Venezuela, Cuba y Nicaragua sea más simbólico que otra cosa. Anthony Pereira, un experto en Brasil que dirige el Centro para América Latina y el Caribe de la Universidad Internacional de Florida, me recordó que Lula tendrá menos incentivos económicos para acercarse a Venezuela que en sus mandatos anteriores.    

“En los años 2000, Brasil tenía grandes contratos de construcción y exportaciones de manufacturas a Venezuela, por lo que tenía un interés económico en tener una buena relación con Hugo Chávez”, me dijo Pereira.

“Pero todo eso ha desaparecido, porque la economía venezolana se ha derrumbado”. Mi humilde pronóstico es que Lula tratará de revivir la alianza regional UNASUR de países de izquierda que lanzó en 2008, y tratará de forjar lazos más estrechos con otros países del Tercer Mundo. Pero, salvo un milagro económico, sus ambiciones en materia de política exterior van a verse muy acotadas por los formidables desafíos que deberá enfrentar en Brasil.

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Acerca de :

Andrés Oppenheimer
es un periodista, escritor y conferencista argentino que reside en Estados Unidos. 
Es el editor para América Latina y columnista de The Miami Herald y conductor del programa "Oppenheimer Presenta" en CNN en Español. Nacimiento: 24 de noviembre de 1951 (edad 70 años) en Buenos Aires.

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